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Los embates humanos de la migración

Asistentes a la Conferencia Los Embates de la Migración organizada por la Asociación Quebequense de Organismos de Cooperación Internacional (AQOCI). FOTO: AQOCI.

Fabiola Mella

La conferencia Los embates humanos de la migración, organizada por la Asociación Quebequense de Organismos de Cooperación Internacional (AQOCI) y el Centro Interdisciplinario de Investigación en Desarrollo Internacional y Sociedad de la UQAM (CIRDIS) se realizó en el contexto de la Semana de Desarrollo Internacional 2018.

Los peligros inherentes a los desplazamientos internacionales en una era obsesionada por la seguridad, los nacionalismos, los movimientos sociales y sus movilizaciones por el respeto de los derechos y recepción de los migrantes, y el papel de la comunidad internacional, fueron algunos de los temas expuestos.

Michèle Asselin, directora de AQOCI, inauguró la conferencia afirmando que “desde que la tierra existe la humanidad migra. Somos todos caminantes, de modo que somos descendientes de estas migraciones y debe valorarse su aporte al desarrollo social”.

El migrante busca una vida mejor, huir de la pobreza; asuntos que nos tocan profundamente cuando los migrantes siguen siendo esclavizados.

Denis Otis, consejera jurídica de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (HCR) indicó que hasta 2015 la población migrante ascendía a 244 millones; una proporción de alrededor de 3 % de la población en movimiento, ya sea por pobreza, cambio climático, promesas de los países del Norte de una vida mejor, reunificación familiar, educación o trabajo.

A causa de los conflictos armados como en Sudán, Somalia o Yemen, existe hoy una migración estimada en 65 millones de personas que buscan una seguridad alimentaria.

Es la cifra más elevada después de la Segunda Guerra Mundial. Esto originó la famosa Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es importante mencionarlo porque la migración es esencial
mente una cuestión de derechos humanos. Es imprescindible apoyarse en el Artículo 14 de la Declaración sobre el derecho de toda persona perseguida a buscar asilo en cualquier país.

Paradójicamente, hoy tenemos menos conflictos que en siglos pasados, pero el costo en vidas humanas es mucho mayor, y los desplazamientos son más costosos debido a los conflictos mortíferos y de larga duración.

Nueve de diez refugiados, alrededor del 86 %, van a regiones paupérrimas. Debemos olvidar ese discurso que pinta
oleada de nuevos migrantes que llegan a Canadá, pues el país no está dentro de los países que reciben grandes cantidades de inmigrantes.

Antes de la guerra, Siria era uno de los países que más refugiados recibía: 5,5 millones; lo sigue Afganistán con 2, 5 millones y Sudán del Sur con 1,4 millones.

Aunque un país no fuese firmante de esta convención, tiene la obligación de admitir a las personas que alegan ser perseguidas y verificar si efectivamente necesitan protección internacional, convención que es violada constantemente.                    

La detención prolongada para desalentar los desplazamientos de personas que temen por su vida es una indecencia. Más de la mitad de estos migrantes forzados son infantes, de modo que esa población necesita una atención y una recepción particulares: reunificación familiar, búsqueda de sus padres si viviesen, evitar la detención de estos niños en los países de acogida.

Preocupación es también la terminología que describe a los refugiados como potenciales terroristas, que sirve para atizar el miedo y como capital político. Será interesante ver lo que pasará este año durante el periodo electoral en Quebec.