PULSÓMETRO

Si las mujeres contaran

Diana Obregón

El documental de Terre Nash denominado Who is counting está basado en el libro Si las mujeres contaran de la economista neozelandesa Marilyn Waring. Esta obra analiza el trabajo que realizan mujeres, el cual es considerado como carente de valor.

“Tiempo es lo que todos tenemos para intercambiar y el tiempo es lo que mejor describe la vida de las mujeres”, dice Waring. Muy joven y siendo miembro del parlamento neozelandés era invitada a diversos países. En sus visitas, pasaba un día con una mujer de un medio rural recopilando información sobre su cotidianeidad. Descubrió que estas mujeres tienen jornadas de entre 16 y 18 horas que no están registradas porque no son remuneradas.

Para el sistema son horas no productivas. Lo que es invisible en términos de producción, es invisible en la repartición de beneficios. Existen mujeres que han trabajado largas jornadas durante 45 años y que nunca han tenido dinero para depositar en una cuenta. En tiempos recientes son consideradas como dependientes y como una carga para el estado aunque hayan trabajado más duro que nadie.

Cuidar niños o cuidar enfermos sin obtener una remuneración, en macroeconomía, no es importante. El homólogo de Waring,  John Kenneth Galbraith declara en el mismo documental que en economía si no hay un precio, no es mesurable. Hay un trabajo enormemente productivo, hecho por mujeres, que contribuye al bienestar y al crecimiento de la economía que simplemente no se considera.

El Sistema de Cuentas Nacionales de la ONU, bajo el cual se rigen muchas economías del mundo, se basa en el dinero, sin importar su origen. La guerra, la devastación de los recursos naturales y la esclavitud sexual, contribuyen al crecimiento económico y poseen valor para el sistema. El trabajo de mujeres que crean y alimentan a la humanidad no lo tiene.

Dos hemisferios y una misma realidad
Eliana Marín llegó a Canadá hace 41 años y lleva trabajando en peluquería 50 años. Cuenta que al igual que en Chile, su país de origen, a una mujer sola no le daban muchas oportunidades. Su caso fue doblemente difícil al ser trabajadora autónoma y cabeza de familia monoparental. Incluso en los 90 seguía siendo complicado. Una trabajadora autónoma no le garantizaba nada a un banco, con un hombre al lado sí.

Eliana fundó su propia estética con una socia, pero fue difícil. El banco le pedía un aval aunque su socia tuviera una propiedad. Una pareja de amigos la respaldó al final. Ya siendo propietaria del negocio intentó comprar una casa y no lo consiguió hasta que optó por la copropiedad. A ojos de los banqueros, ella seguía sin poder garantizar por sí sola.

Se divorció cuando sus hijos tenían 10 y 7 años. Con un padre ausente, ellos la ayudaron mucho. Aún así, su jornada laboral, contando el trabajo doméstico y el de peluquería, era de 18 horas. Ahora que sus hijos se han ido, esta jornada es de 14 horas.

La condición de la mujer ha cambiado y Eliana cree que hay igualdad a la hora de conseguir un empleo pero hay discriminación cuando se trata de abrir su propia empresa. Siente que actualmente las mujeres llevan una doble carga porque les cuesta soltar el mando del hogar y agrega que los hombres triunfaron con el feminismo: “Ahora pueden pasearse con sus hijos en brazos sin ser juzgados y son libres de expresar sus sentimientos. La imagen rígida del patriarca se rompió”.

Una cuestión de elección
Kiara Castagnino tiene 23 años, estudió psicología y está haciendo una Maestría en Recursos Humanos. Ha trabajado 4 años a tiempo parcial. Actualmente es Asistente de Investigación.

Kiara piensa que ya no existen tantas barreras para las mujeres en el ámbito laboral. Muchas prescinden de un puesto de dirección porque tienen otras prioridades como la maternidad, o simplemente no se sienten atraídas por la imagen de dureza y competitividad que un director ejecutivo refleja. Algunas que posponen la maternidad y que cuentan con ayuda doméstica o un marido que las ayude sí se lanzan a tal empresa. Ellas están eligiendo. Cuando un problema familiar se presenta, toman la iniciativa de resolverlo. No es una imposición, sus decisiones priorizan a la familia.

Revisando las estadísticas, Kiara ha observado que las mujeres en Norteamérica se interesan en profesiones humanitarias o de inclinación hacia el bienestar colectivo. Optan por sectores que no son altamente competitivos y que no generan millones de dólares.

Quedan batallas por librar pero estas tres visiones femeninas contrastan con las interminables cifras manejadas por las instituciones.