PULSÓMETRO

Esas tonaditas de los villancicos

JOHN G. LAZOS

Nos acercamos a ese periodo del año en que comienzan a sonar pegajosas tonadillas. En gran parte, porque se sigue una tradición litúrgica que celebra alegría y felicidad y la mejor manera de representar dicha emoción es, cantando. Sin embargo, en los tiempos en que nuestra atención se reduce al mínimo, descubrimos que tarde o temprano y sin importar donde estemos nos irá persiguiendo la misma melodía. Lo curioso, es que estas cancioncillas eran elaboradas en sus ritmos y poéticas en sus textos ya desde los tiempos de la Nueva España.

Comúnmente llamados villancicos, comenzaron a ser populares en España en el siglo XV, aunque se dice que hicieron su aparición desde el XI, llegando a su auge en el XVIII. Su nombre da cuenta de su naturaleza. De temática variada, se dice que el vocablo villancico designaba el origen, las villas, de donde provenían las diferentes historias. La Iglesia permitía durante estas fechas que el repertorio profano, lengua vernácula y no latín culto, formara parte durante el periodo de advenimiento.

De una estructura básica, estribillo y coplas, el número de versos puede variar en cada villancico según la rima o estructura de la letra. Lo que sí tiene común este amplio repertorio, además de que son cantadas a varias voces, es el regocijo que producen al escucharlos. Otro dato es que los villancicos tuvieron su mejor aceptación en territorio americano. Veamos unos ejemplos. Esas tonaditas de los villancicos

Hay que mencionar a Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) quien para nuestra fortuna ocupó su pluma escribiendo A este edificio célebre. Aunado a la genialidad de la llamada décima Musa, cuyo texto hace uso de las esdrújulas al final de cada verso, es la jubilosa y al mismo tiempo sencilla puesta en música por Andrés Flores (1690-1745) en Sucre, Bolivia. Una bella tonada es la inspiración del músico portugués, y que anduvo en México, Gaspar Fernandes (ca.1565/70-1629) titulado Andrés, ¿do queda el ganado?. Diálogo hecho música en el que el joven pastor no sabe dónde está lo que debe cuidar porque en su distracción ve pasar a un angelito que volando, y que cantaba tan bonito, vino a decirle que Jesús ha de nacer en esta noche.

Para cerrar, una obra que ha recobrado esos populares aires es la conocida guaracha Convidado está la noche de Juan García de Céspedes (1619-1678). Maestro de capilla de la Catedral de Puebla. De García de Céspedes solo se conservan seis obras suyas. Esta pieza, nada menos, es el ejemplo más antiguo que se conoce de un tipo de danza afrocubana. Sagaz villancico, anuncia al recién nacido festejando con un ‘ay’ al final de cada verso sobresaltado de admiración.

Así que ahora ya saben que además de esas melosas tonadillas, y si ya no quiere escucharlas porque las tocan en los mismos lugares de siempre, existen los reales e ingeniosos villancicos para degustar. O también, puede ir pensando en un buen regalo musical.