PULSÓMETRO

Laura Hernández: “La gente me ha recibido muy bien”

RODRIGO ORTEGA

Laura llegó hace 18 años a Quebec y hace catorce decidió instalarse en Knowlton (Lac-Brome, Quebec) a través del plan de Regionalización de la Inmigración. En entrevista con Pulso cuenta que al principio tuvo la oportunidad de administrar parte del negocio de sus suegros y tiempo después abrir su propio estudio de yoga.

“Lac-Brome, precisa, específicamente Knowlton, es un pueblo pequeño que cuenta con unos seis mil habitantes. Tenemos el gran orgullo de tener nuestro lago Lac-Brome que disfrutamos durante todo el año, verano como invierno. Las montañas y centros de ski están muy cerca y el contacto con la naturaleza es extraordinario”.

Y le va bien por allá. “En mi estudio recibo a más de cien estudiantes por semana. Doy cursos variados. Desde hace 4 años me he especializado (soy una de las pocas profesoras certificadas en Quebec) para ense- ñar yoga a las personas con cáncer. Este es un tipo de yoga que requiere de una gran entereza, formación y compasion”.

Consultada respecto a las motivaciones que tuvo para emigrar a una región, Laura precisa que su plan era “vivir en Montreal y trabajar en comercio internacional, que es algo que ya hacía en México. La vida me trajo a cambiar completamente de actividad y estoy muy agradecida porque ahora puedo trabajar en algo que me fascina y que me permite estar en contacto con más personas de mi región”.

En relación a la acogida que ha recibido al emigrar a región, Laura no vacila en afirmar que “las personas me han recibido muy bien, con cierta curiosidad por saber de dónde vengo, qué idioma hablo, y cosas similares. Laura asegura que el hecho de emigrar a una región de Quebec permite tener “acceso a una buena calidad de vida y la ventaja de hacer su camino en el medio de trabajo para avanzar en él”.

“Viví mucho tiempo en la ciudad de México con millones de habitantes, ruido, tráfico y demasiados comercios, cines, tintorerías, estéticas…”, dice.

Pero no echa de menos el ajetreo de la inmensa metrópolis que es Ciudad de México. “Cuando vine a vivir aquí encontraba todo muy silencioso, menos opciones de dónde escoger y me tomó un tiempo aprender a “cambiar de ritmo” y buscar los servicios que yo necesitaba y con los cuales me sentía satisfecha”.

“Puedo decir que ahora adoro la tranquilidad, no tengo que preocuparme del tráfico ni de los estacionamientos y he descubierto que en esta región hay de todo y con muchas opciones”.