PULSÓMETRO

“Todos los días estudio jazz, tengo bastante música escrita”

FOTO: JOHN LAZOS

JOHN LAZOS

Si va a Cuba, vaya al Tropicana. Un ‘paraíso bajo las estrellas’, así le dicen al mítico cabaré de música y baile de la Habana. Don Lázaro René no solo lo conoce muy bien, trabajó ahí como en la “Habana Libre y en el Hotel Nacional como percusionista y cantante solista”, nos cuenta. Eso fue hace tiempo. Hoy en día, en la comodidad de su departamento de Montreal, se le vienen a la mente anécdotas de aquellos años.

Lo reconoce, no fue nada fácil crecer y aprender música en “Los Sitios, uno de los barrios de mayor tradición folclórica”, y uno de los más rudos del centro. Eran los tiempos antes de la Revolución Cubana cuando “los chicos salíamos los fines de semana a los patios de los solares con cajones” o cualquier objeto para “aprender a tocar, para hacer la Rumba”, los ritmos llegados siglos atrás desde África. Mientras entendía los secretos de los tam- bores, tenía también que lidiar con las costumbres locales, “siempre había que estar listo para las reyertas más grandes”.

Sobrevivió, y ya como músico profesional, trabajó en varios hoteles de Varadero como integrante “del primer grupo que podía tener contacto directo con los turistas”. Entonces, la historia cambiaría de rumbo. Miles de cubanos vieron “la oportunidad de salir” de la isla, entre ellos su hermano, excelente músico, quien acababa de conocer a una “abogada canadiense” y que habían decidido venirse hasta aquí para casarse.

Esta es la razón que lo llevó de Miami a esta ciudad de Montreal. Su hermano “decidió comprar el Rising Sun”, el legen- dario club e impulsor del blues y jazz en estos rumbos. Lázaro fue testigo del primer Festival de Jazz de Montreal, “en una tarimita en la esquina de St. Catherine y Bleury”. Aquí recuerda que “acompañé a Paquito de Rivera, hice varios programas de televisión con Don Alias, las giras con Karen Young, La bijou de jazz, Sony Greenwich, un guitarrista muy respetado, Gregory Charles [quien le hizo una entrevista] y a Eval Manigat, el padre del world beat, una mezcla de todo… con una banda de festival que tenía colorido”, fue “una época fructífera…viajamos mucho… mi mejor momento como persona y con alegría fue con Eval”; por cierto, con quien grabó un disco que ganó el Juno con una canción de su autoría: Consentimiento.

Alguna vez le preguntaron, “¿quieres aprender guitarra o quieres guitarrear, tocar en serio o para la novia? Se decidió por lo segundo: “Todos los días estudio jazz, toco para mí, tengo bastante música escrita”. Así que, alejado de los escenarios y las giras, don Lázaro comenta que “vivo de los recuerdos, si son buenos, para qué cambiarlos…disfruto de mi familia”. Quiere regresar a su añorada Cuba, a la que “va a cada rato…cerca de los clubs de jazz”, para reunirse con sus colegas y grabar algunas de esas canciones que sigue componiendo. Esperamos escucharlo pronto.