PULSÓMETRO

De calles y personajes notables (y no tanto): Patriotas

Thomas Chevalier de Lorimier

GABO SAN MARTÍN

Todo país que se respete tiene en los anales de su historia, uno o varios héroes de la patria. Personalmente, me gusta más el calificativo: patriota o patriotas. Además, ustedes lectores, estarán de acuerdo conmigo que héroe suena bien, mientras que heroína… suena un poco adictivo.

La “Era de las revoluciones”, periodo que comienza a fines del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, representa un movimiento revolucionario y emancipatorio que vivieron los continentes de América y Europa. Ustedes han sin duda y escuchado hablar de la Revolución americana (“Independencia de los EEUU”) (1775-1783), de la Revolución francesa en 1789 y de las guerras de independencia en los países de Hispanoamérica (1810-1833), entre tantas otras, sin olvidar la Revolución haitiana (1791-1804).

¡Eh bien! El Bajo-Canadá (hoy conocido como Quebec) también se contagió de esta fiebre revolucionaria, dando lugar a la “Rebelión de los Patriotas”, una en 1837 y la segunda en 1838 (habitualmente se habla de “Revolución” cuando hay victoria, en el caso contrario se le llama de forma displicente como “Rebelión”).

Como lo mencioné en la crónica pasada, el Partido Patriota luchó incansablemente por una soberanía popular independiente del Imperio Británico. La primera Rebelión estalló a causa de una orden de arresto contra los líderes patriotas. La única victoria de los Patriotas fue en St. Denis, donde Wolfred Nelson se destacó heroicamente, mientras que St Charles et St Eustache fueron una triste derrota. En 1838, Robert Nelson, hermano de Wolfred, quien entró desde los EEUU con un ejército de Patriotas, en donde varios pueblos y ciudades estuvieron en manos de los Patriotas, incluso se creó una constitución de la República de Quebec, pero esta victoria fue un tanto efímera.

El gran ejército británico no tardó en vencer al ejército improvisado de notarios, abogados y campesinos sin experiencia militar, pero llenos de un alma libertaria. Las consecuencias fueron dramáticas, arrestos, deportaciones y ajusticiamientos. El 15 de febrero de 1839, los últimos 5 de 12 Patriotas condenados, fueron ahorcados, entre ellos el notario Thomas Chevalier de Lorimier.

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