PULSÓMETRO

Quebec, un oasis francés en América del Norte

Las callecitas estrechas del Viejo Quebec. | FOTO: STÉPHANE LAVOIE

IBIS FRADE BRITO

Quebec, una de las pocas ciudades amuralladas aún en pie en el siglo XXI, levanta su herencia francesa como los altos techos de tejas a dos aguas que dominan el paisaje en la parte más antigua de la urbe.

Al borde de unas tierras de mayoría anglosajona, los valores de la francofonía se imprimieron hace siglos en la lengua, la arquitectura, la gastronomía y las costumbres del lugar.

En 2017, el distrito histórico de esa ciudad canadiense celebra los 31 años de su inclusión en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad: la primera ciudad de América del Norte que recibió el nombramiento.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ofreció el 3 de julio de 1986 esa distinción a la parte más antigua de la urbe y la reconoció como ‘un ejemplo excepcional de ciudad colonial fortificada’.

Quebec, capital de la provincia homónima, está ubicada en la costa este de Canadá y su fundación oficial data del siglo XVII. En 1608, el explorador galo Samuel de Champlain fue promotor del nacimiento de la entonces nombrada Nueva Francia.

A orillas del río San Lorenzo, que une la región de los Grandes Lagos con el Océano Atlántico, la ciudad conserva sus fortificaciones e impone frente al mar la magnificencia del Château Frontenac, uno de los hoteles más fotografiados del mundo. Diseñada por el arquitecto francés Bruce Price, la edificación se ubica en la punta de una colina que permite verla desde casi cualquier punto de la ciudad. En el Vieux-Québec (Viejo Quebec), dentro del recinto amurallado, después de atravesar las callecitas estrechas, cualquier visitante puede quedar atónito ante la vista de La Place Royale, las empinadas torres del santuario de Sainte-Anne de Beaupré o la puerta de Saint-Jean.

La Citadelle, la fortaleza británica más grande en Norteamérica, domina –con sus baluartes que forman una estrella– el punto de mayor altura.

El barrio viejo está rodeado por una muralla de casi 5 kilómetros, donde hay múltiples puertas y fortificaciones: Quebec es la única ciudad de América del Norte que conserva intacto ese alto muro de piedra.

Franceses y británicos pusieron lo suyo en la construcción de la muralla, erigida de 1608 a 1871 y que ahora recorren cada año miles de turistas.

Quebec es uno de los principales destinos turísticos de Canadá, muy reconocido por el nivel de conservación de sus construcciones. Pese a toda la influencia francesa, buena parte de los historiadores apuntan que ese nombre es muy similar al que daban los aborígenes al lugar donde está hoy emplazada: ‘kebek’ (estrecho, en lengua nativa).