PULSÓMETRO

Al que busca tener lo necesario no lo inquietan las olas tumultuosas

Luisa Olaya

La simplicidad voluntaria es uno de los movimientos sociales que preconizan un cambio de valores frente al consumo desmesurado. Esta manera de vivir está lejos de ser un voto de pobreza o algo parecido a una secta para tacaños. No es una mirada nostálgica al tiempo que pasó, no es un capricho de ricos ni la única vía digna para los pobres.  La simplicidad voluntaria es una toma de consciencia que se convierte en acciones cuando uno está agobiado por la superficialidad del mundo circundante.


¿Predicar con el ejemplo?

Cuando comparto mi posición frente a la simplicidad voluntaria me preocupa el hecho de ser moralista. El fuerte deseo de convencer al otro para que mire con mis lentes y se pruebe mis zapatos no me ha ayudado en varias ocasiones. Lo que sí me ha funcionado, pero me ha tomado tiempo y paciencia, es tratar de ser coherente, hablar menos y continuar con mis convicciones. De esta manera, muchas personas de mi entorno han sido contagiadas positivamente. Actuar y no solo hablar: he ahí el dilema.

Simplicidad y transición

Últimamente no se habla mucho de Simplicidad Voluntaria. Ahora la tendencia es hablar de las redes de transición, de las ciudades en transición, de las comunidades en transición. La cuestión es bien simple: los adeptos simplicitarios, han tomado fuerza y ya no se contentan con reunirse entre vecinos y familiares. Los partidarios de la Simplicidad pasaron a la acción. Según los preceptos del movimiento de transición, las tres crisis que vivimos (económica, energética y medioambiental) no deben asustarnos, por el contrario, deberíamos tomarlas como oportunidades de arreglar lo que estaba chueco. Empezar a construir las bases de una sociedad consciente de su entorno natural y humano.

La cabeza, el corazón
y las manos.

El movimiento de ciudades en transición empezó en 2006 en un pueblito de Irlanda. Un permacultor (agricultor que trabaja con la naturaleza y no en contra de ella) Rob Hopkins, organizó con varios estudiantes un plan de desarrollo para su región protegiendo los recursos naturales y a las personas que los utilizan. Los seguidores de esta ideología no viven en las nubes, tienen muy claro que hay que pensar racionalmente en las soluciones a los problemas de la gente. La razón va de la mano con el corazón.

¿Y en Quebec?

En todo Canadá las acciones se multiplican. En Quebec la tendencia empieza a tomar alas pero es del lado anglófono que las personas son más activas.

Para quienes quieran profundizar en este tema:

simplicitevolontaire.org.

Termino con un fragmento de las Odas del poeta Horacio que hace más de 2000 años escribió sobre la vida simple:

Al que busca tener lo necesario no lo inquietan las olas tumultuosas,
Ni el descenso del recio Arturo
Ni el nacimiento de las Pléyades
Ni el granizo que azota sus viñedos
Ni que el campo lo engañe
cuando el árbol culpa a la lluvia,
a las estrellas o a la rudeza del invierno.