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Nueva Escocia: Patrimonios y vida del mar

En cada pueblo y ciudad y en las distintas épocas de su historia, el mar que rodea la provincia tiene su presencia y significado. En la Ensenada de Peggy, este faro es su atracción principal. | FOTO: KATY TORRES

KATY TORRES

Me fui a conocer Nueva Escocia, una de las provincias marítimas al este de Canadá. Un viaje cortito, pero muy intenso y cargado de entusiasmo. No partí con una imagen preestablecida en mi cabeza. Sí había leído y visto algunas fotos del lugar, pero no estaba predispuesta a lo que quería encontrar.

Así que me dejé sorprender… y quedé encantada. Aunque fue en pleno verano, nos tocaron cielos cubiertos, nubes cargadas, lluvias pasajeras y un frío más bien otoñal. Un clima no muy práctico para pasear, pero me resultó contrariamente acogedor. Le agregó mucha romanticidad a los paisajes, los encuentros, los momentos.

Conocimos Lunenburg, la ciudad Patrimonio Cultural de la UNESCO y su muy famoso barco Bluenose (que figura en la moneda canadiense de 10 centavos). Pasamos una tarde-noche en la Bahía de Mahone, un encantador pueblito muy tranquilo de una sola calle (donde el bar ya estaba cerrado cuando quisimos ir a eso de las 9 pm). Caminamos y comimos en Wolfville, la gran ciudad universitaria que queda desierta en el verano sin su comunidad estudiantil.

También deleitamos la vista profundamente entre los verdes de las praderas del Grand Pré. Los Acadienses tienen sus orígenes en este histórico lugar. Encierra una tal importancia sociocultural que también fue nombrado Paisaje Patrimonio de la UNESCO.

No dejamos de ir a la Ensenada de Peggy. “Uno de los lugares más De paseo en Nueva Escocia Patrimonios y vida del mar fotografiados de Canadá”, según un aviso al llegar. Su fotogénico faro se roba todas las miradas. Aunque mi encanto fue encontrarme con los apasionados artistas mientras pintaban escenas marítimas de la cotidianidad.

Halifax, la capital, la recorrimos de día y de noche. Sufrió en 1917 una de las explosiones más fuertes causadas por el hombre. Fue un momento muy influyente en su pasado. Su historia y su quehacer marítimo están impregnados en su muelle y más allá. El Museo Marítimo, el del Ejército y la Citadel presentan amplias facetas de la ciudad y su relación con el mar, pero sobre todo sus calles y edificios nos muestran un mejor ritmo para disfrutar.

Lo que más me encantó de esta aventura fue moverme entre esos paisajes de ensueño. Carreteras bordeadas de bosques, de pinos y de lagunas, bahías y cuencas que te sorpreden al paso. Atravesar pequeños caseríos y ver los campos en actividad.

Algo que me gustó aprender durante mi visita a Nueva Escocia fue la relación que mantienen sus comunidades con el mar. En cada pueblo y ciudad y en las distintas épocas de su historia, el mar que rodea la provincia tiene su presencia y significado. El quehacer y el ritmo de vida están marcados por las aguas. En la cotidianidad del pescador, en la labor de las mujeres especialistas de tejidos para el mar, en los fabricantes de embarcaciones, en el servicio militar-naval, en la transmisión de costumbres y tradiciones.

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